jueves, 9 de octubre de 2008

Orgía mediática

Entre la charla sobre Daniel Gil y la investidura como doctor, en un proceso semi azaroso, en los últimos días he salido en un montón de periódicos. Aparte de la entrevista ya enlazada del Granada Hoy, el inefable Francisco Barajas me ha sometido a uno de sus peculiaries cuestionarios para Granada Digital, en este caso casi todo sobre asuntos literarios; por alguna esotérica razón esta entrevista ha estado mucho tiempo en la portada del diario, en un lugar principal; aparte, puesto que mencionaba a la Universidad, la ha recogido el buscador de ésta y la ha difundido en su boletín. Pero es que, además, Ideal, para su apartado de "sube" y "baja" de la sección de opinión, a la hora de hablar del buen hacer de la Universidad, no se le ha ocurrido ilustrarlo con otra cosa que con mi juramento como doctor, de veintitatos o treinta que seríamos.

Imagen que ilustraba la entrevista del Granada Hoy.


Sube y Baja en Ideal.

martes, 7 de octubre de 2008

Entrevista en Granada Hoy

Una entrevista indirecta aparecida en Granada Hoy con motivo de la charla sobre Daniel Gil. El título y las imprecisiones (por otra parte leves) de todo tipo son responsabilidad de la periodista.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Conferencia sobre Daniel Gil

Mañana, a las 20:30, doy una conferencia en la Fundación Ayala sobre Daniel Gil. Aunque hablaré de su trayectoria, sobre todo proyectaré cubiertas y las comentaré. Espero que resulte entretenido.


Argelino, servidor de dos amos

Una crítica mía de la obra de teatro Argelino, servidor de dos amos, producida por Animalario y Teatro de la Abadía, que ha publicado Granada Digital: "Angelino, o la subversión analgésica". Con algo más de mala idea, se podría haber titulado: "Alberto San Juan, servidor del mismo amo".

jueves, 4 de septiembre de 2008

El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza


El asombroso viajo de Pomponio Flato está en la línea de las novelas humorísticas de Eduardo Mendoza, como El misterio de la cripta embrujada o Sin noticias de Gurb. De hecho, el protagonista, Pomponio, guarda muchas similitudes con Gurb: es excéntrico y redicho, apegado a unos principios en los que confía ingenuamente y presa de una continua perplejidad al ser transplantado a un mundo que no es el suyo y donde los citados principios están continuamente en entredicho, lo que da origen a sus desventuras; y ambos dan cuenta de ellas, y de su perplejidad: Gurb en forma de diario de a bordo, y Pomponio en forma de cartas a Fabio -primer guiño de ironía cultural de los muchos que tiene la novela. Lo más característico de este tipo de novelas es un humor fresco, algo absurdo y bienintencionado que conduce a la carcajada limpia, poco frecuente en la narrativa española, más propensa al humor esperpéntico, satírico, negro, o agrio. El principio de la novela es un despliegue espectacular de dicho humor, o sea, un no parar de reír que luego se irá atemperando aunque dé todavía algunos coletazos. Por ejemplo, en la descripción de las costumbres de un pueblo nómada se dice:
Si alguno enferma de gravedad o por causa de su vejez ya no puede seguir llevando la dura vida de estas gentes, lo abandonan en un oasis con un odre de agua y un puñado de dátiles y la esperanza de que pase por allí otra caravana y reponga las parcas vituallas de su camarada. Como esto no sucede casi nunca, en los oasis que jalonan su ruta no es raro encontrar esqueletos rodeados de pepitas de dátil (p. 10).
Si en Sin noticias... se jugaba con la desautomatización de las costumbres más obvias que produce la mirada radicalmente externa de un extraterrestre, con la carga de ironía que conlleva, en este caso, ambientada la novela en la Galilea de los tiempos de Jesús y siendo éste y el resto de la Sagrada Familia los protagonistas, se juega con el hecho de que el lector conoce la historia mientras que los personajes, lógicamente, no, lo que de nuevo conduce a la ironía de que lo que dicen o hacen se carga de significado: así el mismísimo final de la obra, espléndido, donde se verifica por fin el guiño al remitente, el Fabio abstracto de la "Epístola moral"o la "Canción las ruinas de Itálica":
Sea lo que sea, en definitiva, poco importa, porque sólo esto tengo por cierto: que dentro de unos años será como si nada hubiera existido, y nadie acordará de Jesús, María y José, como nadie se acordará de mí, ni de ti, Fabio, pues todo decae, desaparece y se pierde en el olvido, salvo la grandeza inmarcesible de Roma (p. 186).
Sin duda es esta ironía, verdaderamente ambigua y risueña, netamente cervantina, lo mejor de esta obra. Sobre todo cuando alcanza sus mayores cotas de sutileza, a saber cuando el lector cae en la cuenta que la novela está narrando en realidad, casi de modo oculto, través de un testigo que no puede comprender (pero que influye de manera determinante) nada menos que la educación de Jesús, una genuina bildungsroman (por supuesto irónica y disparatada) de cómo éste, a través de los acontecimientos de la trama (su padre, José, es acusado de asesinato y va a ser crucificado), toma conciencia de que es el Mesías y de su ideario moral. Otro magnífico rasgo de ironía en la novela es el hecho de que nunca se ponga en duda el origen divino de Jesús y su potencial sobrenatural a cambio de que no sea la única presencia numinosa que se produce en la novela. Ya lo adelanta Pomponio en sus consideraciones acerca de los judíos: "Por extraño y cicatero que parezca, los judíos creen en un solo dios [...] Como tal, no ha de imponer a ningún otro dios su fuerza ni su razón..."; veremos que, en el desarrollo de la obra, no le ha de faltar razón.

Lo peor de la novela es quizá su ligereza excesiva en algunos momentos, y que la trama, como tal, nunca llega a resultar verosímil ni demasiado interesante: tan sólo los detalles y el marco lo son. Tampoco los personajes, por muy irónicos que sean, parecen sólidos. Quizá porque la novela no tiene mayores pretensiones. Creo que de este mismo defecto adolecen también las otras obras de Mendoza ya citadas. Con todo, es una novela muy recomendable para pasar un rato divertido y, como digo, en muchos momentos constituye toda una lección de ironía en mejor sentido del término: profundamente irreverente pero de modo tan sutil que escapa a los censores, cada día más numerosos y más airados.

jueves, 14 de agosto de 2008

El hombre que nos descubrió el infierno

Mario Vargas Llosa ha escrito un interesante artículo sobre Solzhenitsin con motivo de su reciente muerte: "El hombre que nos descubrió el infierno". Con anterioridad había escrito un prólogo a la novela-testimonio de éste, Un día en la vida de Iván Denísovich para la edición de Círculo de lectores, que luego recogió en La verdad de las mentiras (Alfaguara), también muy recomendable para comprender mejor a esta figura imprescindible en la Literatura y la Historia del siglo XX.

viernes, 4 de julio de 2008

1080 recetas de cocina

Ha muerto Simone Ortega, la autora de la famosa obra 1080 recetas de cocina. Para quien ha hecho una tesis doctoral sobre Daniel Gil, esta noticia no puede pasar desapercibida. La cubierta que realizó Gil para su recetario es uno de los hitos fundamentales de la cultura visual española de la segunda mitad del siglo XX. Poca gente no reconoce la cubierta de este libro, y pocos hogares españoles no cuentan con un ejemplar.


En esta cubierta, el blanco del menaje se percibe como alotópico por la fuerte redundancia icónica de su representación y disposición. Además, se produce una sustitución de la comida real por una reproducción icónica bidimiensional: una imagen icónica dentro de una imagen icónica. Éste es un ejemplo característico de cómo Gil tematiza en ocasiones el proceso mismo de la semiosis; en este caso resulta especialmente pertinente al tratarse de un libro de cocina, que a fin de cuentas emplea igualmente un metalenguaje: tanto el blanco, que convierte a los objetos concretos en objetos generales, simbólicos, como la carne fotografiada desautomatizan una mesa puesta a punto para comer y obligan a pensar en la preparación que tiene detrás. El hecho de que la imagen de comida escogida no esté cocinada, en ese contexto de una mesa servida, es otra alotopía que refuerza el mensaje por vía paradójica. (De mi tesis, pp. 490-491).

Ahora, en su muerte, me entero de que era, de hecho, la esposa de José Ortega Spottorno (hijo de Ortega y Gasset), el creador de la colección de "El libro de bolsillo" de Alianza Editorial, que fue quien le animó a que pusiera sus recetas por escrito.

El Mundo ha publicado un magnífico artículo obituario firmado por Fernando Point sobre Simone Ortega. Lo he encontrado vía Arcadi Espada, quien a su vez refiere la anécdota de que a Ferran Adrià (a veces acusado de que su cocina va desnuda, como el emperador, o de que no es cristiana vieja) le preguntas por una receta del libro y te da el número de página.