En El concierto, Radu Mihaileanu alcanza el difícil logro de construir una comedia sobre un trasfondo trágico -en este caso, las consecuencias terribles de la represión comunista en tiempos de Breznev- y conseguir que resulte divertida pero que, a la vez, permita comprender todo el alcance de la tragedia en cuestión precisamente porque ésta se filtra o se perfila a través de lo cómico. El resultado es una película emotiva y vibrante, que nos recuerda el mensaje, siempre oportuno, de que las personas concretas pueden conseguir que prevalezca la dignidad, la justicia y la esperanza aun en las peores situaciones.
La película es tan vital y sincera, que consigue que nos olvidemos de que quizá adolece de cierta ingenuidad, o sentimentalismo, o de que el planteamiento de la trama no resulta especialmente novedoso. No obstante, desde el punto de vista formal es impecable: baste con recordar el montaje del concierto, soberbio; o las magníficas interpretaciones de los actores.
Al final, como en broma y entre risas, emoción y un trasfondo continuo de tristeza, El concierto consigue transmitir (de forma mucho más eficaz, a mi juicio, que la tramposa La vida de los otros) el sufrimiento de tantas personas durante el terrible siglo XX, cuyas peores atrocidades, cometidas en nombre de abstracciones y futuribles, algunos parecen, hoy día, añorar.
domingo, 4 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
La infancia no recuperada
Es posible que sea cierto que hay novelas que son para leer en una determinada edad. No como principio general, sino adaptado a la idiosincrasia de cada uno. ¡Cómo me hubiera gustado Oliver Twist con trece o quince años! Cómo hubiera disfrutado cuando Oliver, tras tanta penuria, acaba por encontrar un ámbito de pura dicha con las Maylie. Cómo me hubiera identificado con delectación morbosa en la absoluta determinación de Oliver, casi abyecta, de complacer a sus bienhechoras en todo momento. Cómo hubiera querido pertenecer a la pequeña comunidad, casi falansterio de clase alta, que se crea en torno al huérfano. Cómo hubiera deseado, en definitiva, que la felicidad no acabara nunca, que la novela se estancara cuando Oliver ya no tiene que preocuparse por nada más y pasa a ser un personaje pasivo... (no sé si es un gusto peculiar, pero de pequeño me encantaba leer pasajes felices, y los cambios de fortuna me producían pereza: creo que podría haber leído una novela sobre nada salvo acontecimientos favorables para los protagonistas; por eso me gustó tanto El pequeño Lord de Frances Hodgson Burnett. No está mal como materia de reflexión psicoanalítica).
Leída hoy, puedo entender cómo, a pesar de ser uno de los títulos más famosos de Dickens, si no el que más, no suela figurar en las listas canónicas de sus mejores obras (a diferencia de, por ejemplo, David Copperfield o Grandes esperanzas). La trama -engordada artificialmente, porque en resumen es mínima- resulta melodramática en el peor sentido del término, disparatada y completamente inverosímil. La crítica social es tan ñoña y grosera que parece que busque más contentar conciencias hipócritas -nadie puede estar de acuerdo con la extremosa crueldad de las autoridades del hospicio- que realizar una verdadera denuncia. El estilo de Dickens, dichararchero, jovial y algo campanudo -no me extraña que le gustara tanto a Galdós-, a veces es ameno y a veces cansino (por cierto, otra cosa que hubiera disfrutado en mi infancia: de ese estilo -tan "literario"- y del continuo salto por parte del narrador omnisciente de un personaje a otro, indicándolo además: "dejamos ahora al judío para ver qué estaba haciendo en ese momento Nancy..."). Y el uso continuo que hace de la ironía en su forma retórica más ortodoxa, esto es, diciendo lo contrario de lo que se pretende, sobre todo al principio de la novela, se hace directamente cargante.
Con todo, algo hay de verdad en el incendio de teatro de Oliver Twist: apetece seguir leyendo para ver en qué queda la cosa, aun cuando se vea venir (prerrogativa del melodrama, supongo). Y uno, como en la infancia, se sorprende emocionado en algunos pasajes, como el encuentro entre Nancy y Rose, o implicado de veras durante la escena vívida, magistralmente narrada, puesta ante los ojos, del acoso final a Sikes. Y lo cierto es que se cierra el libro con la impresión de haber estado dentro de un mundo, es decir, de una novela.
Leída hoy, puedo entender cómo, a pesar de ser uno de los títulos más famosos de Dickens, si no el que más, no suela figurar en las listas canónicas de sus mejores obras (a diferencia de, por ejemplo, David Copperfield o Grandes esperanzas). La trama -engordada artificialmente, porque en resumen es mínima- resulta melodramática en el peor sentido del término, disparatada y completamente inverosímil. La crítica social es tan ñoña y grosera que parece que busque más contentar conciencias hipócritas -nadie puede estar de acuerdo con la extremosa crueldad de las autoridades del hospicio- que realizar una verdadera denuncia. El estilo de Dickens, dichararchero, jovial y algo campanudo -no me extraña que le gustara tanto a Galdós-, a veces es ameno y a veces cansino (por cierto, otra cosa que hubiera disfrutado en mi infancia: de ese estilo -tan "literario"- y del continuo salto por parte del narrador omnisciente de un personaje a otro, indicándolo además: "dejamos ahora al judío para ver qué estaba haciendo en ese momento Nancy..."). Y el uso continuo que hace de la ironía en su forma retórica más ortodoxa, esto es, diciendo lo contrario de lo que se pretende, sobre todo al principio de la novela, se hace directamente cargante.
Con todo, algo hay de verdad en el incendio de teatro de Oliver Twist: apetece seguir leyendo para ver en qué queda la cosa, aun cuando se vea venir (prerrogativa del melodrama, supongo). Y uno, como en la infancia, se sorprende emocionado en algunos pasajes, como el encuentro entre Nancy y Rose, o implicado de veras durante la escena vívida, magistralmente narrada, puesta ante los ojos, del acoso final a Sikes. Y lo cierto es que se cierra el libro con la impresión de haber estado dentro de un mundo, es decir, de una novela.
domingo, 28 de marzo de 2010
Pixeladas
Otra de las cosas que he hecho durante este tiempo es participar en un curso en la Facultad de Bellas Artes cuyo título era Pixeladas. Se trataba de impartir un curso-taller de literatura (creación literaria) y otro de fotografía bajo el tema de "La locura". En una segunda fase, también bajo la supervisión de un profesor, los alumnos tenían que producir una obra que incluyera una fotografía y un texto. Como es lógico, yo me encargué de la parte literaria. Al curso podía inscribirse cualquier miembro de la comunidad universitaria, por lo que los alumnos fueron de lo más variopinto, desde estudiantes o administrativos a profesores titulares. La experiencia resultó divertida y gratificante, creo que para ambas partes. Al final un jurado (del que no he formado parte) elegía una de las obras como ganadora; ésta competía luego con las ganadoras de cursos análogos celebrados en las otras provincias andaluzas.
Se ha editado un catálogo con las obras. Para él escribí esta presentación.
sábado, 27 de marzo de 2010
Seis meses de críticas teatrales

Si hay que revivir a un muerto, tiene que ser con una medida extrema, un golpe súbito de energía, como el rayo que empleó el Doctor Frankenstein para con su criatura. Así que retomo el blog por las buenas, sin disculpas, ni excusas, ni explicaciones. Trataré de actualizarlo los fines de semana. Comienzo con las críticas teatrales que he ido realizando durante este tiempo de silencio para Granada Digital.
-"Divertida e incruenta guerra de sexos", sobre Pareja abierta, de Darío Fo
-"Hacer posible un imposible lorquiano", sobre Así que pasen cinco años, de Federico García Lorca
(Esta es la única crítica de una obra que no forma parte de la temporada del Teatro Alhambra. Se trataba de unas jornadas en torno a esta obra de Lorca que incluían, además de la represetación, una mesa redonda de los críticos con el director para discutir la puesta en escena. Todo se llevó a cabo en el teatro Isidoro Máiquez. El texto es también crónica de las jornadas.)
-"Divinas palabras demasiado humanas", sobre Divinas palabras, de Valle-Inclán
-"Su seguro servidor, José María Pou", sobre Su seguro servidor, Orson Welles, de Richard France
(Por alguna extraña razón ha desaparecido de la crítica tanto el título de ésta como la fotografía que hizo del espectáculo Rafael; se trata de una fotografía magnífica, que me sirve para ilustrar la entrada).
-"La moral de siervo a escena", sobre Glengarry Glen Ross, de David Mamet
-"Sangre, atavismo, tragedia", sobre Bodas de sangre, de Federico García Lorca
-"Diálogos para besugos", sobre Del maravilloso mundo de los animales: Los corderos, de Daniel Veronese
Las fotografías de Rafael las podéis ver todas aquí.
martes, 20 de octubre de 2009
Regreso al hogar
Pues sí, regreso a esta suerte de hogar que es el blog después de un abandono que comenzó de manera natural durante las vacaciones pero que se ha prolongado más de lo debido. Mi vida transcurre feliz pero inestable. Tenía el proyecto de retomar el blog cuando se fuera estabilizando (algo, en principio, previsto), e incluso de poner en práctica la idea, pensada desde hace mucho, de actualizarlo con una periodicidad fija, aunque fuera modesta, para evitar ese vaivén de entradas apelotonadas y silencio. La cuestión es que la vida no se me ha estabilizado y he ido posponiendo, de manera pareja, la estabilización del blog. Ahora, a la fuerza ahorcan: ha comenzado la temporada del Teatro Alhambra y Rafael y yo volvemos a ser el tándem acreditado de fotógrafo y crítico que envía Granada digital. La obra fue Regreso al hogar, de Harold Pinter. Dejo aquí un enlace de mi primera crítica de esta temporada, y doy así por inaugurada la del blog.
Harold Pinter o la deconstrucción de la familia
Harold Pinter o la deconstrucción de la familia
martes, 15 de septiembre de 2009
De vuelta
Después de la vuelta paulatina a la actividad tras las vacaciones (que en mi caso vivo como una intensificación), de numerosos papeleos, incertidumbres y expectativas, vuelvo al blog, que retomará su actividad en breve.
lunes, 17 de agosto de 2009
Trabajo y vacaciones
Podría decir que el blog ha estado cerrado por vacaciones, pero lo cierto es que ha estado cerrado por trabajo, mayormente burocrático: primero, los papeles de la beca y, luego, los papeles para que aprueben el proyecto del nuevo grado de "Literaturas Comparadas Europeas", en cuya comisión de creación estoy. Después, y nos ponemos ya a finales de julio, estuve en Vélez Málaga-Torre del Mar en un curso de, justamente, Literaturas Europeas organizado por el departamento. Iba como asistente pero, por cuestiones organizativas, acabé incluso participando en una mesa redonda, donde tuve que improvisar (gracias a Dios que existen los portátiles y las conexiones wi-fi) unas palabras sobre el Modernism como, quizá, el último gran movimiento literario europeo. Por cierto que la conferencia del profesor Javier Huerta Calvo sobre la farsa en Europa, con sus variantes en los distintos países de figuras como el loco, el bufón, el cornudo etc, pero con el mismo sustrato común carnavalesco y (verdaderamente) transgresor resultó magnífica. También lo fue la convivencia con los compañeros, algunos ex-alumnos míos.
Después ha venido un periodo que he estado aprovechando para cerrar algunos flecos y preparar algunos trabajos (mayormente artículos) que tengo pendientes, todo él entreverado con cierta desidia, lectura por placer y más papeleo. Y mañana me voy con Rafael a Madrid, a ver la exposición de Sorolla en El Prado, y también la de Anne Leibovitz (yo, por pura devoción a la Sontag, cuya noción de "Sensibilidad surrealista" es una de las claves de bóveda de mis tesis), aparte lo que se tercie, pues allí nos encontraremos con cuatro amigos más.
Y la semana que viene nos marcharemos cuatro días a la IV Edición del Curso "Agua y cultura" del Balneario de Lanjarón, en la que este año ejerzo como coordinador: los días, ya casi una costumbre más que vuelve, de conferencias y recitales alterados con baños de burbujas, saunas, masajes y exfoliaciones.
Después, Dios dirá. Lo más probable, en cualquier caso, es que no retome el blog hasta septiembre.
P.S.- (No hablé aquí ni de la experiencia que supuso enfrentarse a una representación real, en vivo, de un clásico como El lago de los cisnes por primera vez, con esa mezcla curiosa entre la expectativa por lo ya sabido y el asombro de lo que sólo se descubre en contacto con la cosa misma; ni de la emotiva, precisa, magistral y per-fec-ta ejecución de Barenboim del Tercer concierto para piano de Beethoven, como solista y director.)
Después ha venido un periodo que he estado aprovechando para cerrar algunos flecos y preparar algunos trabajos (mayormente artículos) que tengo pendientes, todo él entreverado con cierta desidia, lectura por placer y más papeleo. Y mañana me voy con Rafael a Madrid, a ver la exposición de Sorolla en El Prado, y también la de Anne Leibovitz (yo, por pura devoción a la Sontag, cuya noción de "Sensibilidad surrealista" es una de las claves de bóveda de mis tesis), aparte lo que se tercie, pues allí nos encontraremos con cuatro amigos más.
Y la semana que viene nos marcharemos cuatro días a la IV Edición del Curso "Agua y cultura" del Balneario de Lanjarón, en la que este año ejerzo como coordinador: los días, ya casi una costumbre más que vuelve, de conferencias y recitales alterados con baños de burbujas, saunas, masajes y exfoliaciones.
Después, Dios dirá. Lo más probable, en cualquier caso, es que no retome el blog hasta septiembre.
P.S.- (No hablé aquí ni de la experiencia que supuso enfrentarse a una representación real, en vivo, de un clásico como El lago de los cisnes por primera vez, con esa mezcla curiosa entre la expectativa por lo ya sabido y el asombro de lo que sólo se descubre en contacto con la cosa misma; ni de la emotiva, precisa, magistral y per-fec-ta ejecución de Barenboim del Tercer concierto para piano de Beethoven, como solista y director.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)