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domingo, 17 de abril de 2011

Semana cultural antes de la Santa (II)

El lunes 11, lectura del poeta Bruno Doucey en la Biblioteca de Andalucía. La cosa versaba sobre Lorca. En una primera parte, el poeta -un madurito interesante- leyó unas notas sobre La casa de Bernarda Alba (en francés, con alumnos de traductores haciendo de intérpretes), y luego leyó su largo poema Chant Funèbre pour Federico García Lorca, también en francés, esta vez sin ninguna traducción, pero acompañado por dos guitarristas. El autor leyó muy bien su obra, con timbrada emoción, y las guitarras, flamencas y un punto posmodernas, ayudaban a crear ambiente. Pero lo cierto es que se incidió en los tópicos lorquianos más obvios, además con un marcado carácter orientalista, esto es, la sempiterna fascinación del francés culto por la (supuesta) pasión andaluza, racial, de un Lorca junto a su (más supuesto aún) compromiso con las minorías, raciales y sexuales. La sala, una de las pequeñitas de la biblioteca, estaba abarrotada.

El martes 12, Metrópolis (Fritz Lang, 1927) en el Cine Club universitario. La última versión restaurada y remontada tras haber encontrado en una filmoteca de Buenos Aires fragmentos inéditos -cuyos intertítulos hubo que traducir del español al alemán original. Ciento cuarenta minutos. Espectacular. Del año 27, y luego a la gente Avatar le parece original y moderna. Escenas memorables, como cuando la gran máquina se convierte en Moloch devorador de hombres en la imaginación del protagonista; El estupendo McGuffin de la máquina como un reloj cuyas agujas hay que ajustar continuamente a las luces que se encienden (variante del castigo de Sísifo); el primer plano de la espalda del empresario dictador, que se encoge de hombros ante la suerte de sus semejantes; el sermón filmado sobre la Torre de Babel... La idea, tan perversa, de crear una Eva -referencia a La Eva futura- con la que pervertir la labor redentora de María (qué interpretación, la actriz, qué mutación de ángel a demonio)... El final, tan complaciente y ñoño, de reconciliación entre clases, no puede borrar la inquietud deshumanizada de toda la película, y la desadosegante volubilidad irracional de las masas. Y el célebre robot, cuyos primeros planos consiguieron darme miedo... En fin, que a pesar de la redundancia cansina de algunos momentos, que se hacían pesados (que probablemente necesitaban los espectadores de la época, menos hábiles en el lenguaje visual), fue una experiencia extraordinaria. El medidadior entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón.

El miércoles 13, compra de las entradas para la 60 Edición del Festival de Música y Danza, y, por la tarde-noche, fallo del premio de Poesía Villa de Peligros. Las entradas, por una vez, resultó fácil y relativamente rápido comprarlas. Lo hice para la Tercera de Mahler, dirigida por Metha; la Segunda de Mahler y La Creación de Haydn por la Orquesta del Festival de Schleswig-Holstein -en la primera obra, acompañados por el Coro de la OCG; para la ópera Aynadamar (Lorca visto por extranjeros, una vez más, veremos en qué queda); y para el último de Barenboim, que tocará un concierto de Mozart y la Tercera de Bruckner, aunque no sé si finalmente podré ir.

miércoles, 14 de julio de 2010

Barenboim forever

Y, claro, el Festival termina con Barenboim. De sus tres conciertos, yo sólo fui al que hizo como pianista: tocó los dos conciertos de Chopin; en este caso, el director fue el asistente de la Staatskapelle de Berlín, Julien Salemkour. Y dirigía, sí, pero con un ojo puesto en Barenboim; y Barenboim hacía visajes significativos (en un momento dado, uno muy claro a los contrabajos para que destacaran su apoyo a su pasaje de piano), como el rey que abdica en favor de su delfín para seguir mandado desde la sombra.

Qué voy a decir. Pocas veces puede escucharse tocar el piano así, con ese fraseo, con esos pianissimi de exquisita delicadeza; con ese rubato justo para condensar la emoción de la frase sin vulgarizarla... En el segundo movimiento del primer concierto, justo antes de que las cuerdas retomen el tema principal ornamentadas por el piano, en esos arpegios dubitativos a modo de preludio, el piano sonó con una extraña cualidad acuática, mágica, que desbordaba el timbre natural del instrumento.

El concierto concluyó con dos propinas también de Chopin: un nocturno -el n.º 8 op. 27 n.º 2 (gracias, Patricia) con el que Barenboim detuvo el tiempo, y la célebre polonesa "Heroica" con la que casi parte el piano en dos. Y el Palacio de Carlos V que casi se cae con los aplausos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Matinées del Festival

Este año, los conciertos matinales, que suelen ser de música antigua (pero no necesariamente: de hecho, en la presente edición se dedicarán a música contemporánea de hispanoamérica) han comenzado de manera extraña: el primero, el del sábado, ni siquiera fue por la mañana, sino a las 20:30 h. en la Abadía del Sacromonte. No obstante, sin duda pertenecía en espíritu al ciclo, ya que el mismo grupo, el Ensemble Plus Ultra más His Majestys Sagbutts & Cornets, dirigidos por Michael Noone, ya sí tocaron al día siguiente por la mañana en San Jerónimo. Lo de tocar por la tarde no sé si fue por cuestiones de agenda o por el calor que pudiera hacer arriba al mediodía, pero la elección del sitio tenía que ver con el aniversario de la construcción de la Abadía, que se conmemoraba en el concierto con obras interpretadas para su consagración (entre otras). Hacía tiempo que no subía hasta allí; ni que decir tiene que redescubrí otra de las maravillas de Granada, y quizá la vista más espectacular de la Alhambra que pueda verse, emergiéndo ésta de entre un valle profundamente marcado al sesgo y como mirando la ciudad. Por lo que respecta a la actuación del grupo, lo de siempre, que quiere decir lo mejor: afinación, belleza y un sonido inequívocamente de época que resulta particularmente conmovedor a nuestra sensibilidad contemporánea. Resultaba curisoso escuchar determinadas obras de polifonía que suelen interpretarse a capella acompañadas de las cornetas y los sacabuches en perfecto empaste. Recuerdo con especial emoción un O Salutaris Hostia de Mattheus Pipelare el domingo, compositor del que hasta ahora no tenía el gusto, y las propinas de ambos conciertos: dos de los motetes más famosos de Victoria: el O Magnum Mysterium, y el O Quam Gloriosum en una sobrecogedora interpretación.

La segunda tanda de matinales corrió a cargo del grupo Ars Longa de la Habana, que ya vino el año pasado. Sólo fui al del domingo 4 de julio, en San Jerónimo. Interpretaron piezas del Renacimiento hispanoamericano. En este concierto en particular, obras religiosas escritas en lenguas indígenas (guaraní, quechua...), motetes latinos y villancicos "de negros", esto es, escritos en tono jocoso con el español deformado de los negros de la época (Góngora tiene ejemplos estupendos). El resultado fue pintoresco y espectacular: traían multitud de instrumentos de época, entre los cuales la mitad eran de percusión (todo tipo de maracas, sonajeros y palos de lluvia); y la música resultaba rítmica, sabrosa, entre renacentista e incipientemente sudamericana; aparte de que ellos mismos además de cantar y tañer de maravilla, se movían con gracia y medio escenificaban las obras (las canciones de negros casi siempre son diálogos). El resultado fue un público entregado, que aplaudió como pocas veces, y que arrancó hasta cuatro propinas del grupo. No puedo dejar de mencionar que en éste había dos niños y que una de ellas, con apenas doce años de edad (calculados a ojo) alternó sin despeinarse durante el concierto el tañido del violín y la viola da gamba. Por si alguien tiene curiosidad, hay un disco de ellos en Spotify con algunas obras de las que interpretaron en el concierto.

domingo, 4 de julio de 2010

La orquesta de la juventud venezolana y Gustavo Dudamel

A pesar de que objetivamente (aunque siempre sobre el papel y el caché) el Festival ha bajado algo este año en calidad (no debe de ser ajena la crisis), lo cierto es que los conciertos a los que he ido hasta ahora han resultado estupendos y consiguen que estas fechas sigan conservando su aura de un teimpo especial, de excepción, donde las experiencias estéticas en torno a la música proliferan.

El concierto de inauguración hizo que ésta se realizara a lo grande: La orquesta de la Juventud Venezolana dirigida por Gustavo Dudamel (quien es también titular de la Filarmónica de los Ángeles) hizo un concierto espectacular y vibrante. Impresionaba ver a chicos y chicas tan jóvenes (algunos claramente menores) interpretar una obra tan compleja como La Consagración de la primavera de Stravinski con esa mezcla de desparpajo, energía y precisión. Creo que pocas veces va a poder escucharse en Granada una versión tan perfecta de una obra maestra tan difícil. Pero es que cuando, en una propina, interpretaron una danza eslava de Dvorak, la orquesta cambió por completo de coloratura, se volvió densa y romántica... Con la interpretación como fin de fiesta también fuera de programa del Mambo de la suite de West Side Story de Berstein, se desmadraron rítmicamente y, con el público entregado, concluyó el concierto de forma apoteósica. Para que os hagáis una idea, adjunto el vídeo de su interpretación de la citada obra en los Proms de Londres, también con un público entregado ( fue como aquí, aunque afortunadamente intérpretes y director siempre fueron de frac). Además En Spotify tenéis la grabación para la Deutsche Grammpphon de La consagración por esta orquesta (y algunos otros discos de Dudamel), por si queréis escucharla.

domingo, 18 de abril de 2010

Bajamos a segunda

Ya está aquí la 59 edición del Festival de Música y Danza de Granada. Ya ha pasado también el preceptivo ritual de la compra de entradas con todos sus componentes:  imposibilidad de acceder a la página, recomienzo sistemático de las operaciones y toda la mañana perdida; después, correo de Tick Tack Ticket pidiendo disculpas por los fallos, pero ni ocurriéndoseles compensar económicamente a los clientes por no cumplir su servicio. (Este año voy a ejercer el derecho al pataleo, aunque sé de sobra que no va a servir para nada y que ni van a contestarme).

El Festival de este año acusa con claridad la crisis: Del nivel alto, de mitad (superior) de la tabla de primera división de las últimas ediciones, hemos vuelto a bajar a segunda. Intérpretes de primer orden vienen, a la inaguración, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar con Gustavo Dudamel, y Barenboim y la Staatskapelle de Berlín, ya casi preceptivos, a la clausura (en uno de los conciertos Barenboim será piano solista, no director y hará los dos conciertos de Chopin). Aparte, terminado el Festival más los conciertos extraordinarios de los profesores de los Cursos Manuel de Falla (feliz tradición reciente, que  prolonga el Festival con un miniciclo de cámara), un desconcertante concierto extra-extraordinario de Joan Manuel Serrat que no pega ni con cola (pero no está ya el festival de canción de autor Abril para vivir?)

Con el resto del Festival pasa lo que tantos años -a excepción de los últimos-: no está mal, pero no supone lo que se espera de un festival de verano de los más antiguos de Europa. Ante esta queja, tan reiterada ya, algunos directores del festival han respondido acusando de catetos que buscan nombres mediáticos a quienes la profieren. Buen intento, pero no: por suerte, Granada ya cuenta durante su temporada normal con intérpretes de sobrada calidad: desde el director titular de la OCG, Salvador Mas, a los directores invitados y solistas participan en ella. En el Festival, pese a quien pese, debería primar la excepcionalidad.

Sin ir más lejos, el concierto de abono de la OCG de ayer, fue una clara muestra la calidad media de la temporada, con unas excelentes interpretaciones tanto del Concierto en sol de Ravel como de la Sinfonía n.º 9 de Schubert a cargo de Mladen Colic, ganador de la 52 edición del concurso internacional de piano de Jaén y el director Guillermo García Calvo. El Festival tiene que ser un paso más, no una prologación del año.

Nota: Es posible que la actualización del blog se amplíe a los miércoles con algún suelto extraordinario.

lunes, 6 de julio de 2009

Voilà la Carmencita!

La primera grata sorpresa de la Carmen de anoche fue que, aunque estaba anunciada como versión de concierto, lo cierto es que se representó: era la orquesta la que estaba en el escenario, pero los solistas y el coro se movieron entre ella escenificando plenamente la obra; incluso aprovecharon el primer piso del palacio o, en el último acto, irrumpieron desde atrás, desde el patio de butacas, interactuando con el público. Cierto que no había ni vestuario ni escenografía, pero no hacía falta.

Quizá es de las pocas veces en que, en una representación de ópera, la orquesta y el coro brillan por encima de los solistas. Aunque, tratándose del Coro Monteverdi y la Orquesta revolucionaria y Romántica, pero, sobre todo, del creador y director de ambas, Sir John Eliot Gardiner, la cosa no sorprende tanto: el espectáculo es él, su concepción de la música, su idea global de la obra que esté acomentiendo en ese momento. Esta Carmen es Gardiner como Madame Bovary era Flaubert.

Por tanto, nos encontramos con lo esperado, lo que en este caso quiere decir algo muy bueno: espectacularidad a raudales -marca de la casa de Gardiner, como me hizo notar muy inteligentemente mi amiga Begoña-, lo que en el caso de Carmen resulta de lo más apropiado, y novedades. La principal fue la adición de un número inédito (a saber de dónde lo ha sacado G.): tras el primero, la escena de los soldados con Micaela, cuando éstos vuelven a su quehacer, "mirar a la gente que pasa", en lugar de irrumpir el toque de trompeta del cambio de guardia, comentan un episodio de galanteo adúltero que sucede ante sus ojos.

Luego estaban los maravillosos detalles; por ejemplo: el preludio del tercer acto, que suele interpretarse de una forma muy lírica, aquí se hizo con un carácter mucho más "rústico" que de costumbre, sacando a las maderas timbres más como de instrumento popular, con los primeros solistas de cada cuerda ejecutando un extraño bordón que acentuaba un inusitado tono pastoril, evocando de repente aires de danza campesina francesa... Y así, pequeñas sorpresas a lo largo de toda la obra que conseguián desautomatizar una partitura tan oída.

Pero creo que si merece destacarse algo es la asombrosa actuación del coro Monteverdi: con la dificultad que supone actuar alrededor de una orquesta como grupo, inclusive peleándose o subiéndose unos encima de otros (literalmente), dispersándose para volverse a agrupar (cigarreras, soldados, vendedores), conservaban un empaste perfecto (¡parecían estar siempre juntos!), y eran capaces de las dinámicas más atrevidas, pianos súbitos, fortes poderosos, todo sin perder la musicalidad, ni la claridad en la línea melódica o la trabazón polifónica.

Otra velada memorable, de esas que colocan al Festival de Granada en el primer nivel, sin complejos. La voilà!, voilà la Carmencita!

jueves, 2 de julio de 2009

Mariola Cantarero en concierto

No estuve en el recital de Mariola Cantarero anoche. Lo escuché por cortesía de RNE, que lo retransmitía para España y el resto de Europa vía Eurorradio. Pero Rafael no sólo estuvo, sino que cantó en él, como miembro del coro de la OCG que es. Enlazo su entrada sobre el concierto, foto incluida. Nótese el cambio de la Mariola de andar por casa que yo describía y la que aparece retratada, lista para salir a escena: el el salto inmenso que va de las bambalinas del día de antes a los focos del día de.

Gracias, Mariola

miércoles, 1 de julio de 2009

Mariola Cantarero en la intimidad

Anoche estuve en el ensayo general del concierto que hoy dará Mariola Cantarero en el Festival, donde se enfrentará a alguna de las arias más famosas, lucidas y difíciles de la Historia de la ópera (si alguien está interesado, esta noche lo retransmite en directo Radio Clásica a partir de las 22;30). Si cualquier behind the scenes resulta siempre interesante, en este caso ha sido una experiencia verdaderamente fascinante por el contraste entre el glamour que se espera para esta noche -vestido largo y nervios- y el desenfado del ensayo de ayer; entre el lirismo de la música o el melodramatismo de las letras -escena de la locura incluida- y la actitud de la soprano, que actuaba como cualquier profesional que trabaja (ensaya) cuando nadie la ve (sólo que en este casi la veíamos). Mariola se presentó con un vestido tipo camisola, literalmente de playa, bajo lo que pudiera haber sido perfectamente un bañador, rodillas al aire: parecía recién llegada de Torrenueva, le faltaba el bolso con la revista de pasatiempos y el aftersun. Pero lo más divertido era la actitud y la gestualidad: en lugar de las manos en el pecho o en la frente, afectando deseseperación ante las traiciones o desamores de la trama, seguía el ritmo de la música con la cabeza, como si escuchara pop, o hacía gestos de indiferencia o acusando la rutina del enésimo ensayo, mientras comía chicle sin parar: se diferenciaba poco de una secretaria que atiende clientes tras el mostrador al tiempo que se lima las uñas. Todo ello, como digo, hacía un contraste interesante y divertido, que quizá rompa la ilusión del trabajo de los artistas, su "gracia" o su "inspiración", pero que también los humaniza como los profesionales que son, sujetos a la técnica y las repeticiones tediosas.

Salvo algún momento concreto (que yo creo que fue por deferenica hacia quienes estábamos allí de público, lo cual es de agradecer -y entonces estuvo soberbia), Mariola prefirió reservarse para esta noche y cantó casi siempre a media voz (y, con todo, qué elegancia en el fraseo y los agudos), lo que acentuaba la sensación extraña y de making off que teníamos los presentes; también de intrusos privilegiados.

Quién asista esta noche probablemente viva una velada memorable en la que el Palacio de Carlos V se vendrá abajo con los aplausos.

martes, 30 de junio de 2009

La Sinfónica de Londres y la banda sonora del Festival

No he realizado ninguna estadística, pero tengo la impresión de que la música sinfónica más interpretada en el Festival ha sido la de Ravel, Debussy y Stravinski. No está mal: alguna de las obras de los primeros están, directa o idirectamente, inspiradas en Granada; es una música de gran afinidad estética con la de Falla, en cuyas fuentes bebió; y su naturaleza sonora, lánguida, sensual, plena de hallazgos tímbricos que bordean la sinestesia, resulta muy apropiada para escucharse al aire libre, en el inevitable, incomparable marco. Por eso, aunque sospechemos que las grandes orquestas programan este repertorio, aparte de por tenerlo trillado, por cierta pulsión orientalista que los lleva aquerer tocar "Iberia", "La rapsodia española", etc. precisamente aquí -ojo a la página oficial de la Sinfónica de Londres, que anuncia sus programas en Granada como "exotiques"-, lo cierto es que está también ligado a veladas memorables, de un profunde goce estético. Para mí es la genuina banda sonora del Festival, de modo que cuando escucho alguna de estas obras las asocio ya con el escenario circular del palacio, las sillerías y los granitos fatigados bajo los potentes focos, las cuestas, las luces del Albaicín, los cipreses, las adelfas o la brisa fresquita que se digna a venir de vez en cuando como un oreo.

Estos días, la Sinfónica de Londres ha venido, una vez más, con este repertorio y algunas otras obras. No ha tenido el pellizco de otras veces. Quizá por mis propias expectativas, pero creo que también porque la orquesta ha venido muy relajada y ha bordeado el bolo -comparada, por ejemplo, con la interpretación maravillosa de Los cuadros de una exposición por el Concertgebow de Amsterdam el año pasado. Sin embargo, justamente en las otras obras, el Tercer concierto para piano de Prokofiev o las dos de Charles Ives, De los campanarios a las montañas y, sobre todo, La pregunta sin respuesta, la orquesta sí ha estado a la altura esperada. Puede que por menos trilladas. Puede que porque Michael Tilson Thomas, el director, es un difusor comprometido de la obra de Ives...

Para interpretar The Unanswered question, Tilson Thomas dispuso que las cuerdas tocaran desde la sala interior del palacio que hay tras el escenario y situó la trompeta en el primer piso; los únicos músicos en el escenario fueron las maderas. Él dirigía todo el conjunto con una web cam. La obra, muy conceptual, consiste en unos acordes cósmicos reiterados de las cuerdas sobre los que la trompeta enuncia siete veces la pregunta más importante, sobre el sentido último de la vida. Las maderas ensayan seis respuestas infructuosas, cada vez más disonantes; la última vez, la trompeta queda sin respuesta... El pianissimo de la cuerda, acentuado por la disposición física de ésta fuera del recito fue sobrecogedor... ¡Se hizo el silencio! Un parecido efecto acústico con la primera obra (campanas en el escenario, batería de viento metal en el primer piso) le dio también una espectacularidad semejante. Otro gran momento mágico -de gran lirismo místico en este caso- que sumar al Festival.

lunes, 29 de junio de 2009

Ya es Festival

Llega por fin el Festival de Música y Danza de Granada: como todos los periodos de fiesta, impone su impronta cíclica frente a los días anodinos que transcurren lineales para perderse. Y como digo siempre que llega: es para mí uno de los momentos más felices del año, un tiempo verdaderamente festivo, es decir, excepcional: por la acumulación inusual de conciertos y los rituales que conllevan; por las emociones que despiertan -imagino que cualquiera que cultive una afición que tenga sus propios encuentros sabrá de qué hablo. Las calles están decoradas con carteles alusivos, con luces de colores, y parecen puestos ahí para uno. Los días comunes pasan, pero el día en que hubo un concierto memorable, permanece.

Y, sin duda quedará en la memoria el concierto de inauguración de este año, a cargo de una de las voces más importantes del siglo XX: Edita Gruveroba. Creíamos que la edad la había ido empujando con gentileza hacia el lied, y que escucharíamos el hermoso recital de una voz impecable pero que ya no es joven. Y así fue en parte. Con la salvedad de que al final se dejó caer con dos propinas belcantistas de agilidades y agudos imposibles, en un desplante torero de diva como para aclarar cualquier malentendido sobre quién es ella y cómo está su voz. Apoteósico.

También han comenzado los matinales de música antigua: el Grupo La Folía, so pretexto de conmemorar (que no celebrar) el aniversario de la expulsión de los moriscos, interpretó música profana de cancioneros de la época de Felipe III, con letras, entre otros de Lope o Góngora. Maravillosa matinée, como suele ser costumbre, y una manera única de releer grandes algunos poemas y sorprenderse del arte y el talento de los clásicos.

lunes, 20 de abril de 2009

Más agenda y tres post scriptum

El viernes tuve la deliberación del Premio de Poesía de Peligros 2009. En general, ha habido mayor nivel. No ganó mi primera opción, pero la otra había sido escogida por unanimidad por el resto y estaba entre los libros que también me gustaban. Mi primera salió segunda, pero este premio no tiene finalista.

El sábado 18 a las 10 de la mañana se ponían a la venta las entradas para la 58 Edición del Festival de Música y Danza de Granada. Para quien no lo sepa, se hace por Internet (o por fax) y se parece a las carreras de los pioneros para conseguir territorios. Se da el pistoletazo y los más hábiles (y con la conexión más rápida) clavan las estacas en los mejores asientos. El Festival es una actividad elitista para cuyo acceso hay que pasar un triple muro: tener conexión solvente a Internet; tener tarjeta de crétido (no valen ni virtuales ni de débito); y tener toda la mañana del sábado en que salen a la venta libre. Hasta las doce y pico más o menos no pude comprar la primera entrada. Ni la tarjeta ni la conexión eran mías, por cierto. Quizá por esto último, por haberme ido a casa de unos amigos que tienen más megas a probar fortuna, o quizá por la crisis, lo cierto es que a pesar de ser el año que más tiempo he tardado en acceder, al final conseguí entradas para todo lo que quise menos para un concierto: tengo para Edita Gruberova, la Sinfónica de Londres con Michael Tilson Thomas, Gardiner y su Carmen, El Royal Ballet con El lago de los Cisnes, y la Cuarta de Bruckner por Barenboim; me ha faltado justamente para el primer concierto de Barenboim, donde dirige e interpreta al piano el tercer concierto de Beethoven. Como todos los años, habrá que estar atento al tablón-mercadillo que se improvisa a la puerta de la taquilla.

Esa misma noche, concierto de la OCG. En el programa, el concierto para violín de Sibelius y su primera sinfonía. Dirigía Enrique Mazzola. Inconmensurable Uno de los (pongamos) cinco o seis mejores conciertos que le he escuchado a la OCG: qué matices, qué nervio qué cuidado en en el balance de las masas sonoras... Para mí no hay nada en un concierto como redescubrir una obra muchas veces escuchada, percibir de repente la novedad de un timbre o una modulación... La solista, Ryoko Yano, estuvo espectacular.Mazzola, un punto histriónico -físicamente una cosa entre Lex Luthor y el juez Bermúdez con diez kilos menos- comunicaba su entusiasmo, su autoridad y su convicción a la orquesta: verlo dirigir era comprender la obra a través de sus movimientos. Una maravilla. Espero que vuelva pronto y muchas veces.

P.S. 1: Mi amigo Juan Varo me escribe con la puntualización del libro que presentaba. Sinceramente a mí me interesaba más lo que él iba a decir acerca del cine, porque es uno de los críticos más agudos y divertidos que conozco y por suerte pronto existirá la prueba empírica en forma de libro. Dice Juan: Querido José Manuel: gracias por acordarte de mí en tu revisión de esta saturada semana cultural granadina: exhausted como diría John Holmes. Sólo una pequeña puntualización: el libro que se presentaba era "Emotion pictures" de Hilario J. Rodríguez, publicado por la editorial granadina el genio maligno. Un abrazo, J. V.

P.S. 2: Acabo de ver que la página del Festival ha puesto el siguiente comunicado: "La dirección del Festival Internacional de Música y Danza de Granada LAMENTA PROFUNDAMENTE (sic) el colapso habido en las dos primeras horas en el sistema de venta de entradas por Internet, iniciado el día 18 de abril a las 10.00h. Pasado el mismo, las localidades se han adquirido con total normalidad." Llueve sobre mojado: el año pasaso ocurrió también. Eso sí, Generaltickets, a pesar de dar un servicio tan negligente, no renuncia a su comisión del 5,8% ¿Para qué si nada amenaza su monopolio?

P.S. 3 Me congratula constatar que la prensa local corrobora mi opinión sobre el concierto de la OCG: entusiasta Lacarcel en Ideal (no disponible en Internet); didáctico, documentado, preciso (como siempre) y cálido Gonzalo en Granada Hoy.

jueves, 12 de marzo de 2009

Festival '09

Ya se ha hecho pública la programación de la 58 Edición del Festival de Música y Danza de Granada. Se mantiene la calidad más que razonable de las ediciones anteriores. La estrella de este año, con el permiso de Edita Gruberova, que abre el Festival, y del Royal Ballet con Tamara Rojo, será el poliédrico Gardiner, que viene a hacer una Carmen completita (pero de concierto) con su Orquesta Revolucionaria y Romántica y el Coro Monteverdi. Para mi sorpresa, no percibo mucho entusiasmo entre mis amigos melómanos, que quizá están más acostumbrados al Gardiner barroco, pero yo ando ya relamiéndome con anticipación. Por cierto que también viene la Sinfónica de Londres a dar uno de esos conciertos entre colonialistas y paternalistas que caracterizan a las formaciones sajonas de calidad que nos visitan, y que incluyen siempre las más célebres músicas "españolas" compuestas por no españoles, como si no pudiéramos apreciar otra parte del repertorio internacional: Debussy y Ravel esta vez, como podrían haber sido Chabrier, Glinka, Rimsky-Korsakov o el propio Bizet. Que son piezas extraordinarias la mayoría, sí, pero cansa escucharlas un año tras otro.

Por cierto, al hilo de la presentación de la edición del Festival de este año, Rafael ha escrito una magnífica entrada sobre la imagen de éste, pertinente y cargada de razones.